Colectivo feminista en Uruguay utiliza el arte para visibilizar desigualdades y desafiar el estigma social
Por: Redacción
LaSalud.lat, Montevideo, Uruguay, 14 de abril de 2026 .- En Montevideo, el colectivo feminista Malnasidas, con el respaldo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), surge como una respuesta directa a la histórica invisibilización de las mujeres que viven con VIH, una problemática arraigada tanto en los discursos sociales como en las políticas de representación.
Desde su creación en 2021, el colectivo ha desarrollado una propuesta que articula teatro, música, escritura y producción visual como medios para narrar experiencias en primera persona. Estas expresiones no sólo buscan generar identificación, sino también interpelar al espectador y cuestionar los marcos tradicionales desde los cuales se ha abordado el VIH.
Construcción social del VIH y desigualdad de género
De acuerdo con María José Fraga, integrante del colectivo, el VIH ha sido históricamente asociado a determinados grupos, particularmente varones, bajo categorías como las denominadas “4H”: homosexuales, heroinómanos, haitianos y hemofílicos. Este enfoque contribuyó a consolidar una narrativa excluyente que dejó fuera a las mujeres.
En su análisis, cuando las mujeres comenzaron a ser visibilizadas dentro de este contexto, fueron objeto de juicios morales que las vinculaban automáticamente con prácticas consideradas inapropiadas. Subraya que este tipo de interpretaciones revela una desigualdad estructural en la manera en que se construyen los significados sociales del VIH según el género.

Asimismo, enfatiza que esta desigualdad se expresa en ámbitos específicos como la maternidad. Las mujeres con VIH, explica, enfrentan presiones para no tener hijos o son cuestionadas por sus decisiones relacionadas con la lactancia, siendo calificadas de manera negativa en contextos donde estas decisiones no son juzgadas de igual forma en los hombres.
A ello se suma, según refiere, una limitada presencia del tema en ciertos espacios feministas, lo que refuerza la necesidad de iniciativas como Malnasidas para ampliar la discusión.
Reapropiación del lenguaje como estrategia
El nombre del colectivo, Malnasidas, surgió de manera espontánea durante una conversación entre sus integrantes, pero fue adoptado como una decisión consciente de resignificación. María José Fraga explica que el término, históricamente cargado de estigma, fue reapropiado con la intención de generar incomodidad y provocar reflexión.
Desde esta perspectiva, el lenguaje se convierte en una herramienta de intervención social. Nombrarse desde un término que “hace ruido”, en sus palabras, permite cuestionar las estructuras simbólicas que perpetúan el estigma y posicionar el discurso desde el orgullo y la autoafirmación.
Procesos creativos: del aislamiento a la producción colectiva
El proceso creativo del colectivo comenzó durante la pandemia de COVID-19, en un contexto marcado por el aislamiento. A través de talleres virtuales realizados en plataformas digitales, las integrantes participaron en espacios de formación que incluyeron educación sexual, técnica vocal, escritura de monólogos, dibujo y métricas literarias.
Estas actividades derivaron en la creación de una canción original y en la elaboración de un mural colectivo, consolidando un proceso artístico colaborativo que posteriormente se trasladó al ámbito escénico.
En 2024, el grupo inició la escritura de monólogos teatrales basados en vivencias personales. Según Fránces Bozoglian, integrante del colectivo, estas piezas buscan generar una experiencia emocional compleja en el público, combinando el uso del humor negro con relatos profundamente sensibles.
En su planteamiento, señala que las obras abordan experiencias como la pérdida, la discriminación y las interacciones con el sistema de salud, incluyendo críticas a prácticas institucionales y campañas de comunicación que, en su momento, promovieron mensajes basados en el miedo y el control de la sexualidad.

Trayectorias personales y memoria compartida
La experiencia de Fránces Bozoglian, quien nació en 1991 y adquirió el VIH por transmisión vertical, refleja los impactos del estigma en la vida cotidiana. Durante su adolescencia, un episodio de divulgación involuntaria de su diagnóstico derivó en rechazo social, lo que la llevó a negar su condición y suspender su tratamiento.
Posteriormente, se vinculó con la Asociación de Ayuda al Sero Positivo (ASEPO), donde participó en espacios juveniles, hasta integrarse finalmente a Malnasidas, donde encontró un espacio de reconstrucción personal y colectiva.
Por su parte, María José Fraga relata su experiencia en torno a la maternidad en un contexto previo a los avances actuales en tratamiento. Su historia está vinculada al Hospital Pereira Rossell, donde conoció a la madre de Fránces. Tras el fallecimiento de esta última, ambas perdieron contacto, hasta reencontrarse años después dentro del colectivo.
Este cruce de trayectorias evidencia cómo las historias individuales se entrelazan en procesos colectivos, reforzando la dimensión comunitaria del activismo.
Avances médicos frente a persistencia del estigma
Las integrantes coinciden en que los avances más significativos en torno al VIH se han producido en el ámbito médico. Fránces Bozoglian destaca que los tratamientos actuales han transformado la calidad de vida de las personas con VIH, marcando una diferencia sustancial respecto a décadas anteriores.
Sin embargo, advierte que el estigma social no ha evolucionado al mismo ritmo. En contextos como Maldonado, señala, la falta de privacidad y la circulación de información generan un entorno donde las personas viven con temor a la exposición.
En la misma línea, María José Fraga recuerda prácticas discriminatorias del pasado, como el uso de medidas excesivas por parte del personal de salud o la exclusión laboral de personas con VIH. Aunque reconoce cambios en las prácticas actuales, enfatiza que la discriminación persiste, aunque en formas más sutiles.
Ambas coinciden en la existencia de un desafío adicional: la autodiscriminación, entendida como un proceso interno que limita la visibilidad y la participación social de las personas con VIH debido al miedo al rechazo.
El arte como espacio de enunciación y transformación
El trabajo de Malnasidas se orienta a generar un impacto en múltiples niveles. Por un lado, busca fortalecer a las mujeres que viven con VIH, promoviendo procesos de reconocimiento y empoderamiento. Por otro, pretende interpelar a la sociedad, cuestionando los prejuicios que aún persisten.
A través de narrativas directas, sin eufemismos, el colectivo construye un espacio donde las experiencias se comparten desde la voz propia, desplazando discursos tradicionales y promoviendo nuevas formas de comprensión.
En este contexto, la iniciativa pone de relieve que el estigma asociado al VIH continúa siendo un fenómeno estructural, y que la articulación entre arte, memoria y activismo constituye una herramienta clave para transformar narrativas, visibilizar derechos y generar cambios culturales sostenidos.
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