Sistemas sanitarios muestran diferencias en acceso, donación y seguridad transfusional
Por: Redacción / Fotografía: OMS
LaSalud.mx / Hematologia.mx / LaSalud.lat, Ciudad de México, 16 de abril de 2026 .- La transfusión sanguínea constituye una intervención esencial que salva vidas y mejora la salud, sin embargo, su disponibilidad y seguridad no son uniformes a nivel global. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), persisten diferencias significativas en el acceso a sangre segura entre países con distintos niveles de ingreso.
A nivel mundial, se registran aproximadamente 118,5 millones de donaciones de sangre, de las cuales el 40% se obtiene en países de ingresos altos, pese a que en ellos reside únicamente el 16% de la población mundial. Esta distribución evidencia una concentración desigual del suministro de sangre.
Distribución del suministro y acceso a transfusiones
El acceso a transfusiones también varía según el contexto económico. En países de ingresos bajos, hasta el 54% de las transfusiones se realiza en menores de cinco años, mientras que en países de ingresos altos, los principales receptores son personas mayores de 60 años, quienes reciben hasta el 76% de las transfusiones.
Asimismo, la tasa de donación refleja disparidades estructurales: 31,5 donaciones por cada 1000 personas en países de ingresos altos, frente a 5 donaciones por cada 1000 habitantes en países de ingresos bajos.
Estos datos posicionan la tasa de donación como un indicador clave de la disponibilidad de sangre en los sistemas de salud.
Donación voluntaria y sostenibilidad del sistema
El fortalecimiento de los sistemas de sangre depende en gran medida de la participación de donantes voluntarios no remunerados, considerados el grupo más seguro por su menor prevalencia de infecciones transmisibles.
Entre 2008 y 2018, se registró un incremento de 10,7 millones de unidades de sangre donadas bajo este esquema, y en 79 países estos donantes aportan más del 90% del suministro.
No obstante, en 54 países más del 50% de la sangre proviene de familiares, allegados o donantes remunerados, lo que plantea desafíos para garantizar la seguridad y sostenibilidad del suministro.
La OMS ha instado a los Estados Miembros, a través de la resolución WHA63.12, a desarrollar sistemas basados en donaciones voluntarias para avanzar hacia la autosuficiencia.
Análisis de calidad y seguridad transfusional
La seguridad de la sangre depende de procesos rigurosos de análisis. La OMS recomienda que toda la sangre donada sea sometida a pruebas obligatorias para detectar infecciones como VIH, hepatitis B y C, y sífilis.
Sin embargo, no todos los países cuentan con la capacidad para cumplir estos estándares. En países de ingresos altos, el 99,8% de la sangre donada se analiza conforme a procedimientos de calidad, mientras que en países de ingresos bajos esta proporción desciende al 76%.
Estas diferencias se reflejan en la prevalencia de infecciones transmisibles por transfusión, que es significativamente mayor en contextos con menor capacidad de análisis y control.
Procesamiento de componentes y uso eficiente
El procesamiento de la sangre en componentes —como glóbulos rojos, plaquetas, plasma y crioprecipitado— permite optimizar su uso y beneficiar a múltiples pacientes.
No obstante, esta capacidad también presenta desigualdades: mientras que en países de ingresos altos y medianos altos el 96% de la sangre se separa en componentes, en países de ingresos bajos esta cifra es de apenas 38%.
Esta limitación impacta directamente en la eficiencia del sistema y en la capacidad de respuesta ante distintas necesidades clínicas.
Productos derivados del plasma y dependencia externa
El acceso a productos medicinales derivados del plasma, como inmunoglobulinas y factores de coagulación, también es desigual. Solo 56 de 171 países producen estos productos a partir de su propio plasma, mientras que 91 países dependen completamente de importaciones.
El volumen de plasma destinado al fraccionamiento varía ampliamente entre países, lo que refleja diferencias en infraestructura, recursos y capacidad tecnológica.
Esta situación subraya la importancia de fortalecer los sistemas nacionales para garantizar el acceso equitativo a estos productos.
Uso clínico y riesgos asociados
El uso de la sangre en la práctica clínica requiere un enfoque racional. Las transfusiones innecesarias o inseguras pueden generar reacciones adversas graves e infecciones, además de reducir la disponibilidad de sangre para quienes realmente la necesitan.
En este contexto, la OMS recomienda la implementación de comités de transfusión y sistemas de hemovigilancia. Sin embargo, solo el 48% de los hospitales cuenta con comités de transfusión, y el 49% de los países dispone de sistemas de hemovigilancia.
Estas cifras reflejan la necesidad de fortalecer los mecanismos de control y supervisión en los sistemas de salud.
Políticas nacionales y organización del sistema
La coordinación nacional es un elemento clave para garantizar la calidad y seguridad de la sangre. En 2018, el 73% de los países contaba con una política nacional de transfusión, mientras que el 66% disponía de legislación específica en esta materia.
La OMS enfatiza que los sistemas nacionales deben estar sustentados en marcos regulatorios sólidos, redes de distribución integradas y estándares uniformes que aseguren la calidad en todas las etapas del proceso.
Estrategia global para mejorar la seguridad de la sangre
Ante estos desafíos, la OMS promueve una estrategia integral que incluye:
- Sistemas nacionales de sangre coordinados y regulados
- Donación voluntaria no remunerada como base del suministro
- Cribado universal de la sangre donada
- Uso racional de los hemoderivados
- Implementación de sistemas de calidad y capacitación continua
Además, la organización brinda apoyo técnico a los países para fortalecer sus sistemas y avanzar hacia la cobertura sanitaria universal.
Un desafío estructural para la equidad en salud
La disponibilidad y seguridad de la sangre continúan siendo un desafío global que refleja desigualdades estructurales en los sistemas de salud.
En este contexto, se destaca que garantizar el acceso equitativo a sangre segura requiere fortalecer la donación voluntaria, mejorar los sistemas de análisis y consolidar políticas nacionales efectivas, subrayando especialmente que la seguridad transfusional es un componente esencial para la atención sanitaria y la protección de la vida en todos los países.
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